El profesor Toshio Kanamori no utiliza métodos convencionales para realizar su labor docente, o por lo menos, no lo que considero convencional en función de cómo han actuado la gran mayoría de profesores con los que he compartido aula.
Al
entrar en clase lo primero que hace es recordar a sus alumnos la
importancia de vivir, lo irrepetible que es la vida. En lugar de una
tabla de multiplicar o las preposiciones, les hace repetir con él
frases como“sólo vivimos una vez” y “lo más importante es ser
felices”. La estructura conductora de sus clases se basa en las
emociones y experiencias de los niños, dando importancia a sus
vivencias personales ayudándoles a exteriorizar sensaciones que
necesitaban ser liberadas.
Kanamori
es consciente de la importancia de que sus alumnos sepan que la vida
es un continuo cambio en el que nos encontramos con luces y sombras
por ello uno de sus alumnos elabora un trabajo en el que habla del
reciente fallecimiento de su abuela. El hecho de que ese trabajo sea
leído en clase por el propio protagonista crea unos lazos de unión
entre los alumnos mucho más fuerte que los que se pueden conseguir
realizando tareas académicas como las que estamos acostumbrados a
hacer. Este hecho se ve reflejado en la reacción de una compañera
que ve un momento lo suficientemente bueno para explicar que también
sufrió el fallecimiento de un familiar cercano.
Considero muy certera la dirección que Kanamori ha escogido para educar a sus alumnos, pues ayudar a los niños a reflexionar sobre la vida haciéndoles conscientes de la importancia de sus actos y decisiones puede predisponer a los niños a tener un comportamiento responsable a una edad más temprana que en alumnos que no hayan disfrutado de un método de enseñanza semejante. También, lo que es inevitable que se consiga con estos ejercicios es un descubrimiento personal que cada uno de los niños se ve impulsado a hacer, consiguiendo conocerse mejor encontrando los lugares de su psique en los que mejor se desenvuelva y los lugares en los que menos seguro se sienta.
Sin
embargo encuentro un contrapunto a la dinámica que tienen estas
clases de Toshio Kanamori. A mi parecer un profesor que no ejerce
labores de tutor (entendiendo tutor como persona auspiciada por la
ley para estar a cargo de un menor) no puede ser conocedor de la
historia personal de cada niño de una manera meticulaosa, y debe de
ser muy cuidadoso con la intensidad de las tareas que propone en el
aula. Pueden desencadenar en algún alumno o en varios una tormenta
de emociones que puede ser difícil de controlar para un profesor que
tiene a su cargo a más de una veintena de alumnos.
Esta
apreciación no implica que piense que Toshio Kanamori no sea un
ejemplo a seguir. Todo lo contrario. Veo en su método unos valores
que van a ser de una utilidad mucho mayor para los niños el día de
mañana que aprenderse de memoria fórmulas matemáticas o pautas de
análisis sintáctico. El optimismo, el autocontrol y la experiencia
que aporta reflexionar sobre la cara más amarga de la vida serán
unos buenos aliados de esos niños a los que ayudarán a tomar
decisiones importantes y a afrontar los problemas con una actitud
positiva y vital.

