jueves, 28 de febrero de 2013

Children Full of Life


El profesor Toshio Kanamori no utiliza métodos convencionales para realizar su labor docente, o por lo menos, no lo que considero convencional en función de cómo han actuado la gran mayoría de profesores con los que he compartido aula.

Al entrar en clase lo primero que hace es recordar a sus alumnos la importancia de vivir, lo irrepetible que es la vida. En lugar de una tabla de multiplicar o las preposiciones, les hace repetir con él frases como“sólo vivimos una vez” y “lo más importante es ser felices”. La estructura conductora de sus clases se basa en las emociones y experiencias de los niños, dando importancia a sus vivencias personales ayudándoles a exteriorizar sensaciones que necesitaban ser liberadas.

Kanamori es consciente de la importancia de que sus alumnos sepan que la vida es un continuo cambio en el que nos encontramos con luces y sombras por ello uno de sus alumnos elabora un trabajo en el que habla del reciente fallecimiento de su abuela. El hecho de que ese trabajo sea leído en clase por el propio protagonista crea unos lazos de unión entre los alumnos mucho más fuerte que los que se pueden conseguir realizando tareas académicas como las que estamos acostumbrados a hacer. Este hecho se ve reflejado en la reacción de una compañera que ve un momento lo suficientemente bueno para explicar que también sufrió el fallecimiento de un familiar cercano.


Considero muy certera la dirección que Kanamori ha escogido para educar a sus alumnos, pues ayudar a los niños a reflexionar sobre la vida haciéndoles conscientes de la importancia de sus actos y decisiones puede predisponer a los niños a tener un comportamiento responsable a una edad más temprana que en alumnos que no hayan disfrutado de un método de enseñanza semejante. También, lo que es inevitable que se consiga con estos ejercicios es un descubrimiento personal que cada uno de los niños se ve impulsado a hacer, consiguiendo conocerse mejor encontrando los lugares de su psique en los que mejor se desenvuelva y los lugares en los que menos seguro se sienta.

Sin embargo encuentro un contrapunto a la dinámica que tienen estas clases de Toshio Kanamori. A mi parecer un profesor que no ejerce labores de tutor (entendiendo tutor como persona auspiciada por la ley para estar a cargo de un menor) no puede ser conocedor de la historia personal de cada niño de una manera meticulaosa, y debe de ser muy cuidadoso con la intensidad de las tareas que propone en el aula. Pueden desencadenar en algún alumno o en varios una tormenta de emociones que puede ser difícil de controlar para un profesor que tiene a su cargo a más de una veintena de alumnos.

Esta apreciación no implica que piense que Toshio Kanamori no sea un ejemplo a seguir. Todo lo contrario. Veo en su método unos valores que van a ser de una utilidad mucho mayor para los niños el día de mañana que aprenderse de memoria fórmulas matemáticas o pautas de análisis sintáctico. El optimismo, el autocontrol y la experiencia que aporta reflexionar sobre la cara más amarga de la vida serán unos buenos aliados de esos niños a los que ayudarán a tomar decisiones importantes y a afrontar los problemas con una actitud positiva y vital.

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